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Mayo, cuerpos revolucionados

 

Mayo, cuerpos revolucionados

"Mover el mundo, eso queremos las feministas. Y por eso montamos grupos y grupillos, para ponernos las mujeres en movimiento. La importancia que tiene un grupo militante, no se suple con cientos de voluntades individuales de mujeres, por muy feministas que éstas sean".1

No conformes con el mundo de lo establecido y convencidas de que el cambio es posible si acontece desde el intercambio, el diálogo y la unión, las feministas tomamos la palabra y el pensamiento como práctica social, y decidimos como base de nuestro accionar político el no delegar en lxs intelectuales el derecho de pensar por nosotras mismas construyéndonos de este modo como sujetas colectivas.

Para ello nos organizamos y construimos, en permanente movimiento, una visión propia desde nuestra cotidianeidad compleja. Esta misma nos permite interpelar lo público mediante la reivindicación de nuestras múltiples luchas, desde la cuales nos surge la necesidad de plasmarlas a lo largo del calendario. Y en mayo, mes de revoluciones y trabajadorxs también tenemos nuestra propia agenda a veces no tan visibilizada, como el día internacional por la acción de la salud de las mujeres, la semana mundial del parto respetado, el día internacional de lucha contra la Homo-lesbo-transfobia, la semana internacional de concientización del clítoris y el aniversario de la ley de identidad de género. Todas luchas que se encuentran en la afirmación de la autonomía de nuestros cuerpos.

Pero más allá de las historias y particularidades de cada fecha mencionada nos preguntamos: ¿Será casual que estas reflejen la dependencia y la opresión de los cuerpos? Sabemos que no, por eso entendemos al cuerpo como eje transversal de nuestras luchas. Lo posicionamos como categoría política de rebeldía, a partir de la cual cuestionamos todas las formas establecidas de poder. Para esto, es necesario reafirmar la soberanía sobre ellos como primer territorio a sanar y defender. Las mujeres elegimos ser protagonistas de nuestras vidas y  nos empoderamos como sujetas políticas para decidir.

Hablamos de una autonomía de los cuerpos en tanto se construya de manera colectiva y horizontal, desde un accionar que cuestione la hegemonía colonial, imperial y patriarcal que actúa como mecanismo de control social. ¿Y de qué manera se ejerce este control? Las instituciones familiares, educativas, de salud, judiciales, tienen y crean un imaginario de cuerpos - de la mujer- que oprime, disciplina y castiga. Este imaginario fue creado con un propósito que ha atravesado siglos sin haber sido puesto en discusión, por el contrario es sostenido y retroalimentado. Por eso reforzamos la necesidad de nuestra autonomía como una relación de no dependencia, ese es el contenido de la misma: soberanía en nuestras decisiones y en el modo de expresarlas.

A pesar de tantas imposiciones y violencias naturalizadas, desestabilizamos este orden accionando, incomodando y cuestionando el poder al salir a las calles. Donde nosreconocernos en la otra y en esa raíz común de esta nuestra lucha colectiva, la profunda convicción de saber que mientras exista la opresión de las mujeres hace falta que haya un movimiento unitario, autónomo y feminista que lo transforme.    

1Begoña Zabala. Movimiento de mujeres, mujeres en movimiento.

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