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La niñez y las agendas

La niñez y las agendas – parte 1

  1. Por Equipo de Niñez - El Transformador


La niñez no está en las agendas. Y eso habla muy mal de las agendas, y por ende de los dueños de esas agendas. Ya veremos quienes son. Antes, las definiciones. La niñez es la forma de nombrar a lxs cachorrxs, a lxs que recién llegan y se encuentran con este incendio que es la humanidad. Pueden ser nuestras hijas, hermanas, primos, amigos, vecinas, pero lo que es seguro es que somos nosotrxs mismxs, que el niño que vemos es el que fuimos. Será por eso que nos cuesta tanto mirar a la niñez, porque es mirarnos a nosotrxs mismxs, a nuestras rebeldías apagadas, a nuestra confianza extinguida, a nuestros sueños olvidados, al miedo que da verse y no reconocerse. Las agendas son un recorte de la realidad, la selección de temas que sí se escucharán, o la selección de temas que no se escucharán, según como se mire. La realidad, ya se sabe, es inabarcable, por ende nadie escapa a los recortes, todxs tienen sus agendas. Y ahí arranca una disputa sin fin. Qué entra y qué no entra, quiénes entran y quiénes no entran. Hay una agenda política, claro. En ella se debaten los grandes temas y la niñez pareciera tener un lugar reservado en ese selecto grupo de prioridades que conforman las agendas políticas. Porque lxs niñxs son el futuro y todas las frases hechas que usted pueda imaginar. Pero no es tan sencillo. Podemos convenir que las políticas públicas son un buen termómetro para saber de que está hecha la agenda, que las acciones u omisiones son un informante clave para identificar su contenido. Y que las políticas públicas están hechas de ideas superadoras del orden de cosas actual, de un financiamiento adecuado en tiempo y forma y de las prácticas de aquellxs personas que las llevan adelante. Si convenimos hasta acá entonces informamos que la niñez no ha ingresado de lleno en la agenda política. En la Provincia de Buenos Aires hay una situación de precariedad y atraso en las políticas públicas de niñez de la que lamentablemente somos testigos, sumado a un preocupante y sistemático desfinanciamiento de lo que si existe. Está también la a esta altura famosa (en la peor acepción de la fama, la de la tele), la agenda mediática. Los medios de comunicación, los reyes de una era, y su conocida disputa por la subjetividad, la batalla cultural, la hegemonización del sentido. Y ahí están, estigmatizando, invisibilizando, desinformando, acelerando la velocidad del tiempo y enseñando que simplificar es una gran cosa. Masticando por nosotrxs la compleja realidad para ofrecernos una buena opinión sin la necesidad de invertir mucho tiempo y esfuerzo. Y otra vez la niñez. Caricaturizada en imágenes angelicales, tiernas, zonzas. Dividida en rosas y celestes, en pelotas y muñecas, mercantilizada, tontificada. Y del otro lado lxs que nacen chorrxs, lxs villerxs, lxs que no tienen remedio. Simple como Hollywood. Pero a no hacerse el ofendido y que alguien haga algo, porque las anteriores agendas no pueden existir si una agenda pequeñita y fatal. La propia. La de cada unx de nosotrxs. La agenda de la sociedad podríamos decir. ¿Quién deja a lxs niñxs delante de la tele todo el día? ¿Quién compra esa tele? ¿Quién mira para otro lado y hasta se permite el desprecio por lxs niñxs feos, sucios y malos que se cruza por la calle? ¿Quién cree que hay que encerrarlos a los catorce años, o a los doce, o a los diez, o a los cuánto? ¿Quién utiliza la violencia como método pedagógico de enseñanza? ¿Quién está todo el día pensando en el dinero y el éxito, y por ende poco en otras cosas? Que sigan las preguntas…

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